La reinvención del Cosmos. Reseña
Verónica Volkow, La reinvención del cosmos: la cúpula de Cristóbal de Villalpando en la Catedral de Puebla (México: UNAM-Instituto de Investigaciones Filológicas, Seminario de Hermenéutica, 2024).

Fig 1. Portada del libro
La reinvención del cosmos: la cúpula de Cristóbal de Villalpando en la Catedral de Puebla (fig. 1) es un bello libro muy bien escrito, con el acierto de haber sido estructurado en capítulo cortos muy puntuales que facilitan su lectura y muy bien ilustrado con las imágenes precisas para comprender el contenido de todos sus análisis. Pero, sobre todo, es una muy erudita investigación acerca de la hermosa pintura de la cúpula que cubre la capilla de los reyes de la Catedral de Puebla. La autora, Verónica Volkow, con diversos enfoques y variadas metodologías, desglosa minuciosamente los programas iconográficos y hermenéuticos de esa espléndida, pero, sobre todo, enigmática Gloria contratada por el canónigo Cristóbal del Castillo y comenzada en 1689 por Cristóbal de Villalpando, uno de los artistas más importantes de aquel tiempo (fig. 2).

Fig 2. Cúpula, vista general. Foto: Javier Hinojosa
Desde la introducción, la autora anuncia los alcances de su estudio:
La cúpula de Villalpando –igual que una partitura barroca– va a ir sumando diversas voces independientes con sus respectivas visiones del cosmos: primero los cuatro temas católicos sobre el cielo –la corte celestial, el empíreo, los siete arcángeles principales, las moradas de Santa Teresa de Jesús–. Se adiciona a éstos el cosmos musical como metaícono organizador de los anteriores elementos... Sin embargo, la iconografía de esta obra no quedó agotada con los cinco temas mencionados, pues hubo que añadir la alusión a los diagramas tanto alquímicos, que constituían el sexto tema, como a los cabalísticos, el séptimo.
Todo lo cual nos indica que su estudio no se limita solamente a describir a los personajes representados en la pintura, sino que, realmente entra en la cultura religiosa, filosófica y científica de la Nueva España a finales del siglo XVII buscando comprender los complejos programas que pueden descubrirse en la cúpula y para entender el tipo de Gloria que está representada.
Una de las hipótesis interesantes del estudio es que la cúpula hubiera sido ideada a partir de un somnium universale o una experiencia pneumática como las que no eran infrecuentes en la época, de manera similar al Primero sueño de Sor Juana, o a las visiones de la madre Ágreda. Aunque la autora acepta que es imposible afirmarlo, plantea la posibilidad de que la motivación de origen para "el poderoso proyecto de mecenazgo de esta obra", haya sido, en efecto, "una privilegiada inspiración, que detonó la voluntad del clérigo a la que el artista sumó un exhaustivo y comprensivo desarrollo imaginativo que sería acompañado de un nutrido y apasionado diálogo entre ambos." Sin embargo, debemos aceptar que fue, en todo caso una revelación muy informada, pues, a partir del estudio de Verónica Volkow nos damos cuenta de que no sólo reunió visiones místicas, teológicas y filosóficas del cielo, sino también las científicas, del universo e incluso, como mencioné antes, claves alquímicas y diagramas cabalísticos. Se trata de una pintura que, como afirma la autora, logra una hazaña pictórico-poética, en la que Cristóbal de Villalpando, "no limitó su trabajo a diestras copias de originales de la naturaleza o de temas europeos, sino que llevó el estilo barroco... a audaces profundidades", con una gran libertad imaginativa. Asunto éste de gran importancia, pues nos habla de un cielo visto e interpretado desde la Nueva España, con soluciones artísticas, compositivas, lumínicas y pictóricas propias de un artista novohispano.
Desde el punto de vista compositivo, vemos que el cielo de la cúpula está distribuido en siete círculos, ciertamente, las siete moradas de Santa Teresa donde habitan los personajes celestiales más importantes del cristianismo; es un cielo que puede ser percibido místicamente en el que conviven los apóstoles, los siete arcángeles principales, la Virgen María con su familia y figuras del Antiguo Testamento relacionadas con ella, san Juan Bautista, el rey David con su arpa, la Trinidad, hasta llegar a la luz que entra por la linternilla. Estamos ante una interpretación pictórica de la visión del cielo de una santa, lo que me recuerda la Casa de Dios de San Agustín que fue representada, no en pintura, sino en arquitectura, en el hermoso claustro del exconvento agustino de la ciudad de Querétaro construido de 1731 a 1743 y atribuido a fray Luis Martínez Lucio, tal como lo demostró el doctor Joel Hernández Otáñez en su libro titulado Estética desde la interioridad. El pensamiento de san Agustín como inspiración en la iconografía del antiguo convento agustino de Querétaro.[1] Un edificio donde las ideas centrales del santo sobre la casa de Dios se convirtieron en arquitectura: la planta cuadrada y el arca de Noé; sus dos niveles y el tránsito de la tierra al cielo; las cariátides talladas que se encuentran alrededor del claustro y los gigantes virtuosos que vislumbró el santo de Cartago, están también los relieves que se asoman en las piedras claves de los arcos en el camino hacia la Jerusalén Celestial, así como los animales que aparecen en las enjutas para impedirlo; igualmente, la fuente central de patio, en lo más llano y desde donde se ha de partir para llegar al cielo. Esto desde luego, sólo demuestra que el gusto o la necesidad de este tipo de recreaciones fue frecuente en tiempos del barroco, por lo menos en la Nueva España y en cada ocasión los recursos culturales de los que echaron mano para conseguirlo fueron los propios.
Del mundo supra terreno representado por Villalpando, me detengo en algunos elementos que me parecen centrales (fig. 3). El primero es la linternilla; de acuerdo con Verónica Volkow, "la cúpula mira al cosmos desde arriba topándose con el centro divino del universo y el lux proveniente de éste. La luz que representa no es la del Sol físico sino aquella que surge de la divinidad; sin embargo, va a simbolizarla mediante los rayos del Sol físico de la linternilla, cuya presencia es reforzada mediante los rayos pintados alrededor..." Estos rayos dorados pintados alrededor de la linternilla, según Clara Bargellini (a quien cita Verónica Volkow), se identifican "como un gran sol que corona el conjunto de la capilla. Su circularidad se repite alrededor del Espíritu Santo y de la Custodia que contiene el cuerpo de Cristo, introduciendo la posibilidad de identificar el 'sol' de la linternilla con Dios Padre." La disposición de estos elementos, especialmente de la Trinidad sobrepuestos al sol pintado alrededor de la linternilla parecieran simular un transparente. Los transparentes en arquitectura tienen diversas soluciones, la más frecuente es una escultura puesta frente a una ventana a contraluz, lo que provoca que alrededor de la imagen se forme una mandorla; otra solución a la que también se le considera transparente, es una linternilla que se abre sobre un conjunto escultórico que lo ilumina pero cuya luz se refuerza con rayos artificiales, como en la Transverberación de Santa Teresa de Gianlorenzo Bernini, donde los rayos de bronce refuerzan la luz que también se identifica con la de Dios. Cualquiera de estas dos soluciones o quizá ambas pueden fácilmente relacionarse con la cúpula de la Catedral de Puebla, con lo que podríamos decir que en ella tenemos una especie de transparente pintado.

Fig. 3. La Virgen con la custodia, Jehudiel, Uriel y la Santísima Trinidad. Foto: Martha Fernández
La figura central en la pintura de Villalpando, es la de la Virgen portando una custodia, dentro de la cual se representa la Crucifixión, que a su vez tiene importantes significados, pues parece que María, al decir de Verónica Volkow, se presenta como trono de Cristo al sostener la custodia con la Sagrada Eucaristía y, por lo mismo, la custodia puede estar representando el vientre materno de María coronada "no por una corona, sino por una custodia bastante ancha, que recuerda el bello vientre de una mujer embarazada". La Virgen, además, se presenta en la cúpula como la culminación de un axis mundi que comienza en el tabernáculo del retablo de los Reyes que resguarda a la Virgen de la Defensa, continúa con la Inmaculada Concepción de la pintura central del retablo, sigue ascendiendo con la imagen de la Coronación de María en el remate del propio retablo y culmina en la cúpula con la Virgen portando la custodia; todo lo cual nos lleva a María como camino de ascensión al cielo, como una escalera semejante a la de Jacob, que lleva al hombre a encontrarse con la luz divina que entra por la linternilla. Obviamente, el papel central de la Virgen en esta Gloria pintada nos la muestra también como Reina de los Cielos.
El otro elemento muy relevante en la cúpula de Villalpando es el primer móvil bajo el dedo del arcángel Barchiel; según la astronomía, la esfera más externa del modelo geocéntrico del universo, rodeada por el Empíreo, la mente de Dios (fig. 4). "Esta pequeña máquina metálica pudo ser inspirada –comenta Verónica Volkow–, por la máquina de armonías cósmicas con las que Johannes Kepler visualiza el ordenamiento matemático musical del sistema solar en su Mysterium cosmographicum (1596)... Sobre la máquina del primum mobile, el arcángel Barachiel apunta con su dedo índice a la divinidad central, para recordarnos el hecho de que el primum mobile, como pensaba Dante, estaba siendo vertiginosamente imantado por el empíreo", la morada inmóvil de Dios, de los ángeles y de los elegidos. Esto nos lleva a la visión astronómica que se manifiesta en la cúpula; de hecho, la autora considera que, en realidad, parece que esta obra podría ser una desconcertante "revelación espiritual que mezcla una visión astronómica que induce posteriormente a una reflexión filosófica".

Fig. 4. <em>Primium mobile</em> bajo el dedo del arcángel Barachiel, San Miguel arcángel y las estrellas fijas. Foto Javier Hinojosa
La visión astronómica que vemos en la cúpula entra en la polémica sobre las opuestas concepciones del cielo físico que concebían los enfrentados científicos de aquel tiempo. Desde Copérnico, el heliocentrismo produjo un conflicto bastante severo en relación con las creencias religiosas geocéntricas. Como recuerda Verónica Volkow, de acuerdo con Elías Trabulse, aunque se estudiaron en la Nueva España las concepciones de la mecánica sideral moderna, el partido que decidieron tomar oficialmente estudiosos como el mercedario Diego Rodríguez y el exjesuita Sigüenza y Góngora fue el sistema intermedio propuesto por Tycho Brahe (1546-1601), en el que el Sol y la Luna giran alrededor de la Tierra que está inmóvil, mientras que los demás planetas (Marte, Mercurio, Venus, Júpiter y Saturno) lo hacen alrededor del Sol. No obstante, como bien afirma Trabulse, hubo intelectuales novohispanos como Diego Rodríguez que fueron heliocentristas embozados y, en esta pintura de la cúpula poblana, al decir de la autora, Villalpando entra de lleno en esa polémica que resolverá, a su manera, proponiendo una tercera vía "de raigambre simbólica", reveladora de la unidad de la creación divina que "va a resignificar y superar simbólicamente tanto lo más antiguo como lo más novedoso".
Estamos entonces en una obra que combina el cielo astronómico con el cielo místico; una polifonía poética, como la define Verónica Volkow, que tiene dos elementos que sirven como integradores de toda la composición: las nubes y el templo de la música (fig. 5). Las nubes que, para la tradición judeo-cristiana, son la manifestación del poder de Dios, en esta obra, revelan la presencia divina, tal como lo afirmaba Santa Teresa en dos citas seleccionadas por la autora: "'podemos creer –decía la santa– que se está con nosotros esta nube de la gran Majestad acá en esta tierra' o 'metida en aquella morada... se muestra la Santísima Trinidad, todas tres Personas, con una inflamación que primero viene a su espíritu a manera de una nube de grandísima claridad'".

Fig. 5. San Miguel Arcángel y ángeles músicos. Foto: Javier Hinojosa
El templo de la música, como espejo del orden cósmico, junto con instrumentos musicales imaginarios con los que trataban de mostrar la ordenación armoniosa del macrocosmos, también influyeron en la pintura de Villalpando. De acuerdo con Verónica Volkow, el monocordio cósmico, creado por el alquimista inglés Robert Fludd, en el Tomus Secundus De supernaturali microcosmi historia (1619) tiene una secuencia análoga al orden que presenta la cúpula poblana, "además de que su nutrido enjambre de ángeles músicos recuerda el entrecruzado de acordes armónicos de los diseños de Fludd", en los que el diapente de la octava espiritual "lo conforman los dos primeros órdenes angélicos, con ángeles, arcángeles, virtudes, potestades, principados y dominaciones; mientras que el diateferon lo forma el último orden con tronos, querubines y serafines", conjunto que se ve distribuido en toda la cúpula plena de ángeles músicos.
En este punto entramos en la cultura científica y filosófica del hermetismo que alimentó una buena parte de la cultura novohispana desde tiempos del padre fray Diego Rodríguez de la orden de la Merced, quien de 1637 a 1646 fue fundador de una comunidad científica en su convento, entre cuyos miembros se encontraban dueños de imprentas, médicos, bachilleres, arquitectos, cuyos conocimientos eran ocultados a los neófitos, puesto que sus doctrinas herméticas, entre ellas el heliocentrismo, "cuestionaban –afirma Elías Trabulse– no sólo la cosmovisión jerarquizada de los aristotélicos de la universidad, sino también la posición de una sociedad peninsular que los desplazaba como criollos" (fig. 6). Esta cultura hermética fue abrazada por intelectuales de aquel tiempo, como Sor Juana Inés de la Cruz y Carlos de Sigüenza y Góngora, pero también por artistas como el arquitecto Melchor Pérez de Soto (quien formó parte de la agrupación del padre Rodríguez), muy probablemente el arquitecto Pedro de Arrieta y ahora nos enteramos también de Cristóbal de Villalpando, principalmente gracias a la influencia de las obras del padre jesuita Athanasius Kircher. Y esto nos lleva a los dos últimos temas que aborda Verónica Volkow: los diagramas alquímicos y cabalísticos que encuentra en la cúpula pintada de la Catedral de Puebla.

Fig. 6. Los veinticuatro ancianos, San Juan Bautista, Elías y el arcángel San Gabriel. Foto: Javier Hinojosa
La alquimia en la cúpula de Villalpando, la encuentra Verónica Volkow básicamente en la importancia concedida al número siete en la cúpula, que lo emparenta con la alquimia, tanto con el microcosmos como con el macrocosmos (fig. 7). Siete las moradas de Santa Teresa de Jesús y siete arcángeles principales representados como pilares de la sabiduría (y de ahí también su relación con las artes liberales). Siete es el número de palabras del acróstico VITROL: "visita los interiores de la tierra, rectificando encontrarás la piedra oculta". Pero la trasmutación alquímica no sólo se refiere a los metales en oro, sino, principalmente, al desarrollo espiritual personal, justamente al microcosmos. Verónica Volkow concluye estas reflexiones sobre los diagramas alquímicos vinculando a la cúpula con dos tentadoras preguntas: "¿Será también a esa plena transformación espiritual y alquímica de los novohispanos a la que estaría convocando la cúpula poblana? ¿Estaría entonces acompañando epifanías simbólicas como la Guadalupana –tan difundida en el siglo XVII– o la estatua del Pegaso, colocada en el Palacio Nacional, que presidieron, según Guillermo Tovar de Teresa, este siglo de construcción de la identidad novohispana?".

Fig. 7. El arcángel San Rafael, San José, la familia de la Virgen y el rey David. Foto: Javier Hinojosa
En relación con la cábala, la autora descubre en la parte central de la pintura, un "perfil sutil pero enormemente elocuente" de un sistema sefirótico no alejado del que presenta Athanasius Kircher en su Oedipus Aegyptiacus (1653). "Es un diseño sólo sugerido –dice ella– que le agrega a la parte frontal de la pintura la semioculta presencia del gran árbol cósmico." Las diez sefirot están representadas por los diversos personajes celestiales de la cúpula, lo que es muy importante, porque, como apunta Verónica Volkow, es "como si el símbolo aquí no sólo aludiera, sino que también produjera la realidad sacra. Podríamos decir que la cúpula nos muestra un sistema sefirótico encarnado ya en una manifestación cristiana". Quizá uno de los temas más interesantes que se desarrolla en la sexta sefirot, sea la forma en que se construye el Sagrado Nombre de Jesús: "el grupo de la Virgen, Jehudiel y Uriel cargando la custodia sugieren el 'IHS'... con Jehudiel conformando a la izquierda la 'I', el arcángel Uriel con sus alas desplegadas y túnica extendida formando la 'S' de la derecha, mientras la Virgen central con su cinturón aludiría a la 'H', sobre la que se levanta la forma de la cruz que configura la custodia..."
En conclusión, este libro nos explica con todo detalle los cielos representados en la cúpula de la capilla de los reyes de la Catedral de Puebla (fig. 8), a saber, el místico, el científico, el hermético, el cabalístico y el alquímico; todos unidos como una "polifonía" que justifican el título del libro: la reinvención del cosmos en la Nueva España por parte de Cristóbal del Castillo y Cristóbal de Villalpando.

Fig. 8. Pechina con Jahel. Foto: Javier Hinojosa
Inserción en Imágenes: 05 de diciembre de 2025.
[1] Joel Hernández Otáñez, Estética desde la interioridad. El pensamiento de san Agustín como inspiración en la iconografía del antiguo convento agustino de Querétaro (México: UNAM, Naveluz, 2019).


