Este artículo analiza el impacto epistémico y político de las imágenes de la Tierra tomadas desde el espacio exterior, a propósito del regreso de la misión Artemis II en abril de 2026. A partir del contraste entre las emblemáticas fotografías Earthrise (1968) y Blue Marble (1972) con el reciente "ocaso de la Tierra" (Earthset), se sostiene la hipótesis de que Artemis II operó primordialmente como una estrategia de propaganda y escenografía geopolítica, más que como una empresa de exploración científica.
